Todo empezó al llegar a su hogar un día cualquiera, encontró a un perro en condiciones
deplorables, era una llaga viva. Lo único que ella pudo exclamar fue: “¡ah, pobrecito!”, como decimos
todos y nos seguimos de largo. Pero el animal siguió ahí por varios días, sin saber a ciencia cierta
qué es lo que lo mantenía con vida, pues las condiciones en las que estaba eran en verdad
lastimosas.
Se compadeció de él y le buscó comida, luego pidió ayuda a un veterinario, pensando quizás que
no tenía cura, pero de manera sorprendente se reestableció. Al principio entraba al patio para darle
su medicamento, protegida como “astronauta”, por miedo a que se le fuera a pegar lo que tenía el
perro, hasta que con el tiempo le fue perdiendo el recelo y solamente con lo necesario atendía al
enfermo. Recuerda que la medicina le costaba 90 pesos (en ese tiempo), ya que era de
importación.
Así fue como surgió la gran pregunta: “¿Aquí no hay alguien que se encargue de proteger a estas
pobres criaturas?, son seres vivos que sienten hambre, frío, dolor, que pueden dar amor y
sobre todo agradecimiento” se cuestionó la Sra. Ana Maida. El veterinario le
comentó que si ella no se hubiera hecho cargo del
perro, hubiera muerto en condiciones dolorosas y aunado a esto, el desprecio de las personas, ya
que en ningún lugar iba a tener cabida. Fue entonces que unió fuerzas con varios veterinarios y
durante más de 14 años han avanzado lentamente, pero con paso firme. Se podría decir que gracias a
“Ronny” (nombre del perro de esta historia) nació la sociedad protectora de animales.
¡¡¡MUCHAS GRACIAS RONNY!!!